Manejar

Conducir en una zona rural francesa no es un gusto. No es un privilegio de ricos que puedan darse el lujo de tener un carro por adulto en la familia. Es una necesidad vital. Y un proceso que como migrante en este hermoso pueblito bretón, ya he pospuesto demasiado (aunque no sea por gusto).

Voy a tratar de explicar por qué es tan importante, porque en ocasiones incluso para quienes viven en Francia pero en zonas urbanas, es difícil de entender a qué punto es importante aprender a manejar aquí (y quizá la razón por la que los jóvenes empiezan a aprender apenas es legalmente posible).

Yo vivo en el borde de dos municipios. Uno de ellos es un poblado turístico, una pequeña aglomeración semiurbana con una muy buena y bien conectada estación de tren, escuelas, bancos, supermercados y todo lo que hace falta para la vida cotidiana. Eso y muchos, muchos turistas en verano. En el centro del pueblo hay edificios de departamentos y casas pegaditas entre ellas. Es fácil ir caminando a todos lados en un radio de 3-4 km.

Pero conforme te alejas del centro, las casas tienen jardines más grandes, están más separadas entre ellas y no encuentras ningún comercio a proximidad. No hay “tiendita de la esquina” como en México. No hay nada. Hay casas y más casas. Las escuelas empiezan a estar más lejos (no mucho, pero suficiente para que ir caminando con niños pequeños implique una cantidad de tiempo que raya en lo absurdo). Y muchas de las personas que viven en estas calles de casas grandes de techo de dos aguas y tejas de pizarra negra, no trabajan en este pueblo. Trabajan en alguna de las pequeñas ciudades o en las zonas industriales intermunicipales. Léase: todas las mañanas la gente sale a trabajar y desde que lo hacen, salen en coche.

Depositan a sus niños pequeños en la escuela (o en las guarderías que forman parte del sistema escolar si los tienen que dejar más temprano) y parten en auto a su trabajo. Vuelven a casa en auto. No pisan la banqueta más que para salir a tirar la basura.

El hecho de que la gran mayoría (realmente, un 99,9%) de la gente tenga coche, maneje y se desplace así, juega en contra de la idea del transporte colectivo. Existen líneas de autobús que pasan una vez cada 2 horas aproximadamente, y que salen de la estación de tren. Y que normalmente te llevan sólo a sitios turísticos o a contadas cabeceras de los municipios cercanos.

Es tal el nivel de absurdo que para mí, la cabecera del municipio al que en realidad está mi casa, es inalcanzable a pie. Está a unos 8 km y al menos la mitad del trayecto es ruta rural, sin banqueta o espacio alguno para que un peatón camine. Es más factible para mí recorrer los 4 km que me separan del centro del municipio vecino. Donde no puedo, evidentemente, realizar ni un trámite.

Ahora bien, el espíritu de vida “a la mexicana” diría que podría yo agarrar el coche y conducir sin licencia… bueno, ese no pasa muy bien acá. Acá las multas son generosas, y hay al menos un intento bastante efectivo de encuadrar a la población que maneja en reglas coherentes. Si conduces, debes tener tu coche funcionando (para eso hay que pasar un control técnico-mecánico bastante exigente, seguro al día y por supuesto, la licencia de manejo).

Y me parece perfecto. Yo nunca había manejado (una vez arranqué un coche en una emergencia…fin de la experiencia como chofer en mi vida), pero me parece lógico que andar empujando mecánicamente un armatoste que puede matarte y quitarle la vida a otros, se tome con pinzas y responsabilidad.

El asunto es que esta existencia de reglas se traduce en que sacar la licencia de manejo sea un proceso burocrático largo y caro. Pian pianito, como dijera mi papá, voy avanzando en los pasos que se requieren para obtenerlo y salir de este encierro.

Habiendo crecido en la caótica capital mexicana, jamás me había imaginado un sitio sin transporte público. Pero heme aquí, en el pueblito de las banquetas casi inexistentes, de los pocos peatones y la omnipresencia del automóvil que contrasta con las bellísimas carreteras rurales rodeadas de bosque. Y pues, a darle: licencia de manejo, voy por ti.

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