Vida Social

Desde hace 5 años (un poco antes de venir a residir a Francia), trabajo como freelance en marketing. Redacto, comparto, comunico.

Trabajo desde casa, y ello ha sido un privilegio porque he podido disfrutar de tres maravillosos años al lado de Emma, mi bretoncita que en septiembre ya se va a la escuela.

Pero trabajar en casa y en español no ha sido una ayuda significativa para mi construcción social en Francia. Vivo en las afueras de un pequeño poblado y todavía no he pasado el examen de manejo (aunque ya me estoy poniendo las pilas). Aquí en mi calle las casas son grandes y con jardines bonitos y amplios. La gente no sale caminando de su casa casi para nada, porque las escuelas están a dos kilómetros, el centro del pueblo está a unos 5 km, los supermercados, a unos 4 y medio…

Eso hace que la gente salga en coche, y no les ves el rostro.

Mi vida es sencilla y agradable. Levanto a los muchachos y ellos ya solos se van a la escuela, vuelvo y trabajo acompañada de Emma que colorea, dibuja y juega a Star Wars…

A la tarde, tomo mi café con mi bretón y mis hijos mayores, cocino, limpio…me voy a mis clases de karate dos o tres veces por semana.

Casi no charlo ni platico con nadie mas que con mi familia y eso es complicado.

Nunca he sido súper amiguera. En México creo que sólo dejé dos amigas de corazón que cada vez que viajo, procuro visitar. Ellas siempre están al pendiente de mí y yo de ellas.

Pero si creo que las pláticas superficiales son importantes para tener un cierto sentido de pertenencia social.

Había logrado un buen acercamiento y crear un lindo grupo de amigos, pero tuve un “paso en falso” social y el grupo se evaporó, lo que además, arrastró a una amistad de mis hijos en la caída, y ha generado mucha tristeza en mi hijo mayor.

De pronto me encuentro con que casi no practico mi francés (en mis clases de karate no platicamos mucho, lo que resulta normal).

Hablo en francés sólo con mi bretón y eso es en cierta medida “trampa”, porque de no conocer una palabra, puedo recurrir al inglés o al español.

No estoy triste, pero sí un poco preocupada por esta vida ermitaña que yo no elegí.

Así que como con cualquier problema de salud, estoy viendo formas de solucionarlo.

De momento, disfruto de estos últimos meses de tranquilidad con Emma en casita sin las prisas de la escuela, que a los 3 añitos no es lo mismo que mandar a dos adolescentes a la secundaria.

 

Anuncios