Llenando espacios de amor

Mi hija Emma, mi bretoncita de dos años, y yo, volvimos a México.

Fue un viaje relámpago lleno de papeleos burocráticos, de delicias y reencuentros, y uno en el que no volvimos solas.

Mi tía, la persona con la que desde que era una niña he construido una relación de amor y amistad profunda e intensa, vino a llenar de vida nuestra casita francesa.

Un mes que se me escurrió entre los dedos y que se termina mañana, con otro viaje, una experiencia nueva para mi tía que atravesará de regreso el Atlántico sola.

Este mes me enseñó otra cara de la vida en el extranjero que desconocía.

Cómo los nuevos espacios pueden llenarse con sonidos de antaño.

Cómo la voz de una persona tan querida y tan llena de amor por mis hijos ahora vivirá por siempre en las paredes de este hogar que construí lejos de casa.

Su cariño, su paciencia, su ternura…han hecho de este verano uno muy especial para nosotros.

Han puesto a prueba nuevamente mi decisión de vivir tan lejos de mi lugar de origen.

Recorrer los paisajes deslumbrantes de la Bretaña dándole la mano a mi tía, fue diferente e intenso.

Refrescante y apasionante.

Que viera cómo a pesar de las dificultades que implica adaptarse a otro país y otra cultura, mis hijos y yo hemos aprendido a vivir aquí.

Que comprobara con sus propios ojos que no me estoy mintiendo a mi misma, y que mi relación con mi bretón no será perfecta, pero es un equipo que avanza y se mueve. Que se adapta y descubre, que se enoja y ama.

Duele muchísimo verla partir.

Duele en el corazón y en las tripas.

Pero me hace recordar que la vida no es rosa ni negra. Tampoco es gris. Es blanca.

El blanco, me recordó juiciosamente mi hijo mayor cuando mi quité el luto completo por la muerte de mi tía Susy, y empecé a usar blusas blancas con faldas negras, no es un color.  Es la suma de todos los colores.

Y eso es la vida. No es hermosa todo el tiempo, ni tristeza absoluta permanente. Es alegría y lágrimas. Es belleza y fealdad. Es dulzura y amargura.

Mañana voy a llorar en el tren de regreso a casa, después de dejar a mi tía en el aeropuerto. Pero también voy a sonreír para Emma, mi pequeña compañerita inseparable.