Vacaciones a la francesa

Hay una idea bien establecida en la mentalidad colectiva en Francia. Las vacaciones como punto en que todo mundo tiene derecho a descansar y a hacer un corte con la vida cotidiana. Existe incluso un verbo en francés que sirve para hablar de cuando pasas un tiempo fuera de casa y ello te permite olvidar la carga de trabajo del día a día en el hogar: “dépayser”. De hecho, hay una cierta idea de que todo mundo debería tener derecho a descansar.

Tristemente poco a poco el Estado social francés se ha debilitado, en esta época de globalización, pero ciertos elementos persisten y están bien anclados en la mentalidad social.

Para mí, mexicana de clase humilde, madre soltera trabajando con un contrato en negro en una escuela particular, la sola idea de llevarme a mis hijos de vacaciones, formalmente ir a otra ciudad, hubiera sido casi imposible. Íbamos al cine, o a hacer paseos de un solo día. Es caro viajar. Es caro tomar un autobús e ir a otra ciudad. Mis hijos mayores ni siquiera conocían el mar, descubrieron el océano en las costas bretonas. De Hidalgo, en el centro de México a la costa (cualquiera de las dos costas, la atlántica o la pacífica), hay una gran distancia que se traduce en miles de pesos para una pequeña familia.

Acá en Francia, no somos ricos, pero aun es posible para una familia humilde y trabajadora vacacionar porque hay muchas otras opciones. Por ejemplo, y puede parecer tonto, pero no lo es, hay muchas formas de hospedarse. No está el límite del hotel. Hay departamentos o casitas semi lujosas pero que al rentar por semana o incluso por mes, no es tan caro. Y existen, para la gente que no tiene muchos recursos, los campings.

En mi mente, un “camping” era solamente un lugar en donde plantar una tienda de campaña. Y sí, existe eso. Pero tienen baños y acceso regaderas, para empezar. Y en muchos campings, también existe la opción de rentar un “bungalo” en verano y desde la primavera, un “mobil home”. Esas dos opciones de mini-casitas con todos los servicios popularizan mucho la idea de ir de vacaciones. Ya contar con una cocina sencilla abarata los costos, pues no hay que comer fuera (o limitarse a comer sandwiches) todos los días. Para una familia de cinco, como nosotros, es una opción maravillosa.

Otro elemento que ayuda mucho es el estado de las carreteras. Para vacacionar, no es necesario tomar la autopista de paga: cuando vacacionas normalmente no llevas mucha prisa. Así que puedes ir por las carreteras “estatales” o “nacionales”, pequeñas rutas encantadoras que atraviesan sinuosamente la campiña francesa. Incluso tomar la autopista de paga se amortiza para una familia numerosa como la nuestra.

Y finalmente, está el hecho de que para bien o para mal, Francia es un país muy, muy turístico. En algunos momentos hay sitios tan turísticos que parecen museos vivientes. Pero esa importancia del turismo se traduce en mucha señalización para encontrar sitios encantadores, museos grandes y pequeños en cada rincón del país, tranquilidad y numoerosas opciones.

En primavera, para el cumpleaños de mi pequeñita bretona, viajamos al sur, dejando por unos días nuestra querida Bretaña. Salimos de la tierra de los techos de pizarra negra para pasar, al sur del río Loira, a la tierra de los techos de teja roja. Vimos el Atlántico en otra forma, la entrada maravillosa del río Garona (tan impresionante que posee su propio nombre: el estuario de la Gironda) y visitamos muchísimos museos pequeñitos y geniales.

No, no nos fuimos al Caribe como hacen muchos franceses con más recursos. Pero sí, pudimos “dépayser”. Salir de casa, recorrer el campo, la playa y ciudades con encanto.

Reconozco y acepto que amo la idea tan democrática de las vacaciones a la francesa.

Y me encanta la cara de mis hijos al descubrir nuevos rincones de este precioso país.

¿A dónde nos llevarán nuestros pasos en las próximas vacaciones? No lo sabemos. Otros países europeos son accesibles gracias a que no están tan lejos: Bélgica, España (¿por qué no Barcelona?), Italia. Poco a poco y ahorrando, iremos descubriendo más destinos hermosos. Y deseando que este entorno social que nos permite soñar, no desaparezca.

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